Alfredo Macías
Alfredo Macías es teatrero por vocación y por destino. El escenario fue su primer territorio natural, el espacio donde aprendió a proyectar la voz, a modular la emoción y a entender que toda historia necesita ritmo, tensión y desenlace. Sin embargo, según sus propias palabras, si no hiciera teatro sería rockero o locutor. Así que, para evitar dejarle la decisión a una hipotética reencarnación, decidió juntar ambas pasiones en un mismo camino: el micrófono como escenario y la música como libreto abierto.
Chilango de raíz, combina esa energía urbana con gustos tan concretos como entrañables: amante declarado de la pizza y de la comida mexicana —porque el eclecticismo también se sirve en plato fuerte—, entiende que el placer cultural no está peleado con el placer cotidiano.
La música no la eligió del todo; le llegó por herencia. Creció rodeado de sonidos, discos y conversaciones donde el rock no era accesorio sino parte del ADN familiar. “Melómano porque no hubo de otra” podría sonar a broma, pero en realidad habla de una formación temprana, de una sensibilidad cultivada desde casa. Con el tiempo, esa herencia se convirtió en obsesión productiva: la búsqueda constante de nueva música, nuevos discos y nuevas propuestas que merezcan ser escuchadas y comentadas.
Alfredo no se conforma con repetir clásicos —aunque los respeta—; necesita descubrir, escarbar, encontrar ese álbum reciente que todavía no está en todas las conversaciones y ponerlo bajo la luz. Hablar de música, analizarla y compartirla no es un trámite: es parte esencial de su identidad.
Fuera del ámbito artístico, su carácter competitivo y apasionado también se expresa en el deporte. Es de esos pocos necaxistas que aún sostienen la bandera con convicción, lo cual dice bastante de su lealtad: no abandona lo que ama, aunque el marcador no siempre esté a favor.
En cabina, Alfredo Macías mezcla teatralidad, curiosidad musical y humor autoconsciente. Conjunta sus dos “locuras” —el teatro y el rock— en un mismo espacio, demostrando que cuando la pasión es auténtica, no hace falta esperar otra vida para vivirla.